jueves, 18 de febrero de 2010

La altura



Diseñar gigantes. Ese era el reto. Parecía elevado, celestial. Al menos daría vértigo, y el viento soplaría seguro y frío allá en la cima, en la cima del gigante. Eso era la altura para los Llamados: frío, vértigo y temor, en resumidas cuentas.

Los Llamados paseaban su alegría dondequiera que fuesen, era una alegría sincera y profunda. Estar arriba, conocer de verdad al viento, sus cambios de humor, sus rayos. En su camino feliz de grandes promesas, cuando celebraban con vino la Llamada, despreciaban los andamios que encontraban a su paso: ellos construían gigantes, estaban arriba, borrachos de aire.

El caso era que no sabían crear gigantes, y al poco acabaron diseñando andamios en ese enorme vacío que quedaba entre sus tempranas expectativas y la realidad, tan distante. Fría, eso sí, e incluso vertiginosa, pero parecía más bien un deseo mal formulado al genio de la lámpara de los Elegidos.

Así que eso no era la altura. No era frío, vértigo y temor, en resumidas cuentas. El error cayó como una losa sobre todos sus sueños de papel.

Algunos abandonaron, otros se replantearon el significado del término, y otros, los más numerosos, arremetieron contra la altura, fuese lo que fuese. Ya no era ni buena ni deseable; por el contrario, había que negarla hasta hacerla desaparecer.

Así que limitaron la estatura de la población, prohibieron los vuelos acrobáticos, los saltos fueron penados y hubo un duro debate acerca de la influencia de objetos obscenos, tales como las escaleras o los ascensores.

En cualquier caso, nadie se dio cuenta de que diseñar gigantes no es tarea de receta, papel y lápiz. Un gigante está vivo. Esas cosas no se “diseñan”. Los seres vivos no se planean con autocad.

Los gigantes estaban, en realidad, por todas partes.

El caso es que, a pesar de los esfuerzos, nadie fue capaz jamás de vislumbrar el verdadero sentido de la altura.

Pero están aquí.

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De qué va (realmente) el monedismo



A estas alturas, podemos estarnos un buen rato hablando del postmodernismo, o del posmodernismo de los setenta y ochenta limitado a las artes plásticas como reacción irónica a las vanguardias del siglo XX, o hablar de lo que tenemos entre manos, porque parece que muchos, la mayoría por así decirlo, no se han enterado. Si alguien se creía que el monedismo es un charco para limpiar lo que ya está sucio, se equivoca. Como también se equivoca quien mire desde arriba el monedismo y lo rechace como una pseudo-vanguardia viscosa, o solamente acierta si lo que quiere es obviar por miedo lo que supone el monedismo más revolucionario, el que siempre he defendido.

Con ocasión de la publicación por Búfalo de su último cuento cubista (Quitasueños, 17-02-2010), podemos estar seguros que el monedismo ya no es una mera potencialidad, sino una revolución en marcha, que puede tener éxito o fracasar, pero que no está ya simplemente sometida al azar de una inspiración, una ocurrencia o un sentimiento. No, el monedismo puede ser un cubismo. El monedismo puede convulsionar la literatura en castellano igual de contundentemente que Picasso arrasó en París con la pintura. Yo me siento honrado, más que nada, por ser testigo de lo que está pasando. No quiero ser el único, y por eso insisto en avisar, y eso es lo que aviso aquí y ahora, lo que el monedismo como cubismo implica es sencillamente un giro más en la dinámica rueda a vapor de la narración.

Naturalmente, más de un listillo está dispuesto o bien a dejarse llevar por su propio escepticismo cínico, y pensar que todo ya ha sido ensayado, o bien engañarse por una soberbia aún más descarada que le llevará a proponer hasta ejemplos concretos (nombres de escritores, títulos, etc.) como las pruebas evidentes y definitivas de que lo que digo con respecto al cuento ultratriste de Búfalo no es más que el efecto de palmaditas entre amigos. Se equivoca, y sabrá que se equivoca.

Es simplemente imposible, por anacrónico y desubicado, por imposibilidad crítica, que la dosificación medidísima de los ecos líricos (soñar con uvas, el hielo, el silencio) salvados de una época pre-hipertextual que ha desaparecido para la mayoría de los mortales haya encontrado antes una combinación en ninguna literatura (francesa, alemana, inglesa o castellana, no hay más y me da igual si me ponen otros ejemplos) más rigurosa, y además en su marco actual aftergore, hipergótico y subtrágico, con la multiplicidad en la elocución que pulveriza los debates entre autoficción, no-ficción y "literatura de la sospecha". El extraterrestre no es en este caso el creador de esta inquietante pesadilla romántica, sino el que se crea que no es más que un cuento de Cortázar, como si no hubiera llovido nada en todo este tiempo.

Ahora bien, la explicación del fenómeno no conlleva que se pueda imitar o repetir. Yo ya sé que no podría contener tanto la respiración. Pero sí veo una vía, una fórmula. Insisto una última vez, y con esto acabo: si sabemos rescatar lo que nos queda de nuestro periodo de poetas, y si no sucumbimos ante el cinismo y la desgana, podemos juntar la belleza quebrada de nuestras fotos no comentadas y articularla de nuevo en clave cubista. Nadie lo ha hecho de esta forma tan radical antes de Búfalo, -lo afirmo tajantemente-, no existía la conciencia hipertextual, por mucho Borges que se saquen los cincuentones de la manga. El monedismo puede ser un cubismo.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Petrarca opina sobre los poetas árabes



"Pero yo conozco sus poetas
no se puede imaginar cosa más blanda, más nerviosa, más obscena..."

Quitasueños (Cuento cubista con relojes)

Congelados. Estaban congelados. Se les veía brillar los dientes y los ojos. "Soñando" - pensaba - "soñando con peces, con sol y con uvas". Aire sin respirar que deshilacha inocente el gris. "Deberían soñar", mientras desarmaba de la maleta las herramientas: Sierra, martillo, azul y unas pinzas. Cantatas congeladas y una articulación que se pierde. Música fúnebre de niño en desván.

Solemne, acariciaba el hielo de las fotografías con avaricia y duda. El hielo no era una guitarra. Ni un piano. Detrás, se retorcían las uñas del frío y brillaban los dientes. Deberían soñar. Soñar con arena, con té y con azúcar. Congelados detrás del hielo, veían brillar la sierra y las pinzas. Se susurraban algo sobre escaleras y pieles. Se susurraban? sí, se susurraban pero no se les oía. Un ojo abierto y una cadera torcida. Un cuello estirado y una mueca. Observaba como los doctores. Arqueaba el violín de su cintura, tumbaba el oboe del cuello, pintaba con los dedos el hielo - Sería éste?... sería aquél?... - "Sí, seguro que están soñando".

Subir a la luna para robarle el collar. Apagar las velas de las estrellas una a una. Robar a la primavera todas las flores. Cogió el martillo y el hielo no suena como suenan las sinfonías. Tumbó el bloque y no había óperas ni arias mientras levantaba la mano. La sierra no sonaba como suenan las sonatas ni las concertinas. Con las pinzas arrancaba flores, apagaba velas y robaba collares. Sin una soprano ni un violoncello. Sin ni siquiera el sonido de los árboles iba incrustando el azul. Olor a nana seca en la solapa, manchas tristes de susurros por el suelo y un réquiem asomando curioso el hocico desde su agujero. Los demás seguían congelados. Se les veía brillar los dientes y los ojos.

Pena congelada sin lágrimas detrás de los cristales. Marionetas que se disuelven en el fermento del desván. Ordenar las herramientas como pinceles. Limpiar con cuidado el clavicordio y la tuba del suelo. Archivar meticulosamente la métrica del esternón. Sus pasos no sonaban a sol ni a playa, ni a uvas ni a azúcar sonaban sus pasos. Congelados detrás del hielo, se susurraban algo sobre escaleras y pieles. Se susurraban? sí, se susurraban pero no se les oía. Antes de irse "Soñarán?" - pensaba - "deberían soñar". Uñas que no arañan y un ojo abierto. Sí, seguro que están soñando.

Y todo volvió al silencio.

martes, 16 de febrero de 2010

Electro-shock Scriptorium, or Automat-self-Censorship

Hinchado el toro,
el poeta,
el toro.

Escribe sus versos
con los cuernos en la arena,
poeta el toro,
el del escroto
con dos globos.

¿Y el bufido?

Deja al toro,
al poeta,
al toro,
que firma con un asta y puntúa
con un huevo,

henchido.

¿Ha sido un bufido?

Sólo son tachones,
arrepentidos,
que buscan el burladero...
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lunes, 15 de febrero de 2010

Pesca

Me tomo mi tiempo,
hago reposo,
aguardo.

Siento la tensión que crece
en los extrarradios,
pero apuro aún más la espera,
alargo el silencio suspendido porque sí.

La impaciencia es un bocado que se come solo,
y en inercia sorda aguardo y trago,
callo y crezco,
observo,
me hago ciego ante la luz.

Elijo seguir el ritmo con los párpados bajados,
llegada la hora del sonido
-la imagen chirría junto al susurro crónico
que suena sobre sí mismo,
desesperado.

Me tomo mi tiempo,
hago reposo,
tiento a la meta,
espero firme,
ausente,
como una roca.

La tensión se hace ruido,
se hace gritos y palabras
- casi me voltean los brazos impacientes
de los verbos.

Pero me tapo los oídos,
apago el tacto,
desactivo el equilibrio,
sello la boca
a la espera del gesto,
desde dentro del capricho.


Me tomo mi tiempo,
dejo reposar al fuego,
me hago aliado del reloj
y tiento a la impaciencia,
que muerde un viejo anzuelo;

pero aún,
espero.

Agotado el pez,
lo animo
con el poder incuestionable de mi inacción.

Lo animo a luchar un poco,
a coletear esperanzas,
a salpicar explicaciones,
a tirar con una fuerza que no basta,
y que se sueña poderosa como el mar.

Luego,
hablo.

Como una losa, hablo;
como un viento, hablo;
como un disparo, hablo;
como mil bofetadas,
hablo;

y con todo el peso del cielo
ganado a los inquietos,
hablo.

Y los peces aplastados
comparten sus ofensas,
se indignan,
se encienden,
enumeran sus desdichas,
acusan a la injusticia con el dedo...

Todo ello
antes de calmarse,
antes de aburrirse
y regresar a la batuta del reloj,
entre mis dedos.

Antes de esperar de nuevo,
de impacientarse,
lentamente,
por la llegada del suceso siguiente...

Pero yo me tomo mi tiempo,
hago reposo,
y aguardo,
caña en mano,
con el hilo del tiempo
brillando ante mis ojos,
y la cesta llena...

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martes, 9 de febrero de 2010

Aumento de día e de noite



Aumento de día e de noite a extensión da miña viaxe
Isto leva-me a forza a seguir o meu camiño certo
Eu teño un desexo guerreiro e ardente que collo na poesía do deserto
Eu sempre serei a favor de conquistar o mundo con un proxecto.

Algúns dos meus profesores van lembrar os amigos doutros tempos
E iso pode contribuír ao coñecemento do meu pasado
Se aprendemos a xogar coas cousas e a mantelas no saco das lembranzas
A nosa vida vai gañar considerablemente en riqueza real.

Son consellos moi oportunos os que non afectan á vida dos adultos parvos
Só en torno a nós imos atopar miles de exemplos, falar sobre as lámpadas
En calquera cidade podemos sentir unha forma menor de arte mecánica, unha moda

Estamos ledos deste xeito ata que nos vemos fóra xa da idea que tiñamos en mente

Na nosa viaxe en aumento.