Mala-Leche es Monedismo.
Mala-Leche,
el de las órbitas oscuras,
contiene en sus ojeras el mapa
del vértigo del mundo.
Mala-Leche irrumpe en las miradas
y regala un fuego de batalla,
el descanso de los campos esquilmados,
y firma una huella de discordia
entre aquellos que se aturden con palabras.
Mala-Leche,
que de volar añora el peso
y que de peso,
sueña un vuelo;
que de mirar desde arriba
siente asco de la altura y
de pesar entre la sombra,
pesadumbre de un sueño de luz,
arrebata al sol mismo su figura.
Amor de Mala-Leche,
vaivén de frente entre un glaciar
y un corazón de estrella.
Ha nacido Mala-Leche arrepentido,
morirá disconforme,
cantará sin hacer ruido,
y callará ensordeciendo
al tumulto y sus credenciales de reloj,
sólo por el gesto inmutable de su frente...
...
...
...
..
..
..
.
.
.
lunes 9 de noviembre de 2009
viernes 6 de noviembre de 2009
Cuento de Navidad
Hay algo que no funciona bien en mi reloj.
Salgamos a dar un paseo, había dicho, hacía invierno despelucado y robábamos mecheros para la noche, salgamos a dar un paseo, los árboles encorvaban sus dedos y encendimos lamparillas de papel con una vela dentro, así no nos perderíamos.
Ven, vamos a mirar aquí dentro, dijo, una puerta en una esquina, no estaba encendida, hacía tanto frío, despacito sin hacer ruido fuimos asomando los pies y la cabeza. Allí estaba. Quiero decir, allí estaba ella misma, bien vestida, parecía una oficina, olor a informes y a naftalina nueva. Yo se lo dije, le pregunté eres tú? y ella contestó parece que sí. No nos vió. Sonó un teléfono muy moderno y, al contestar, hablaba sobre un reporte, no sé, unos porcentajes, unos números y una cuadratura de una cuenta completamente desconocida. Yo le volví a preguntar eres tú? y me volvió a responder no puede ser, yo no soy exactamente así, además yo estoy contigo. Estaba muy bien vestida y llegó un señor también bien vestido, parece que habían quedado para cenar, recogió las cosas y antes que se dirigieran a la puerta, ya estábamos fuera. Fuera otra vez con el frío, y qué frío, cogimos las lámparas de papel y salimos corriendo, por si nos veían cuando salieran, pero no salieron. Teníamos dos mecheros y con eso nos calentamos un ratito.
Había luz en una ventana allá al final de la calle, vamos a ver qué hacen? venga. Mientras nos acercábamos íbamos oyendo la voz de un señor que hablaba seriamente de algo. Al asomarnos por la ventana vimos que había más gente. Estaban sentados en fila mirando a un señor de pié, con gafas y camisa de cuadros. Escribía cosas en una pizarra, cosas raras que no entendíamos. Eres tú? me preguntó, no puede ser, le dije, yo estoy aquí contigo. Sí, eres tú, me dijo, yo le decía que no. El señor hablaba de cosas importantes, parece que quería demostrar algo y todos le escuchaban con interés. Pegamos tanto la nariz al cristal que una de las personas nos vió. Inmediatamente huímos de la ventana. Ella se reía diciendo eres tú, eres tú que no, cómo voy a ser yo?. Ya no vamos a ningún sitio más, vale? vale, vámonos a casa.
Y qué frío hacía. Más frío que en la barriga de un frigorífico. Volvimos a casa y, por el camino, cogimos otro mechero para la noche. Mañana volvemos, a ver qué hay aquí, esto es muy raro. No, yo no vuelvo. Y eso?. Me da miedo. Miedica. No te metas conmigo. Miedica miedica miedica. Hasta que nos quedamos dormidos.
Salgamos a dar un paseo, había dicho, hacía invierno despelucado y robábamos mecheros para la noche, salgamos a dar un paseo, los árboles encorvaban sus dedos y encendimos lamparillas de papel con una vela dentro, así no nos perderíamos.
Ven, vamos a mirar aquí dentro, dijo, una puerta en una esquina, no estaba encendida, hacía tanto frío, despacito sin hacer ruido fuimos asomando los pies y la cabeza. Allí estaba. Quiero decir, allí estaba ella misma, bien vestida, parecía una oficina, olor a informes y a naftalina nueva. Yo se lo dije, le pregunté eres tú? y ella contestó parece que sí. No nos vió. Sonó un teléfono muy moderno y, al contestar, hablaba sobre un reporte, no sé, unos porcentajes, unos números y una cuadratura de una cuenta completamente desconocida. Yo le volví a preguntar eres tú? y me volvió a responder no puede ser, yo no soy exactamente así, además yo estoy contigo. Estaba muy bien vestida y llegó un señor también bien vestido, parece que habían quedado para cenar, recogió las cosas y antes que se dirigieran a la puerta, ya estábamos fuera. Fuera otra vez con el frío, y qué frío, cogimos las lámparas de papel y salimos corriendo, por si nos veían cuando salieran, pero no salieron. Teníamos dos mecheros y con eso nos calentamos un ratito.
Había luz en una ventana allá al final de la calle, vamos a ver qué hacen? venga. Mientras nos acercábamos íbamos oyendo la voz de un señor que hablaba seriamente de algo. Al asomarnos por la ventana vimos que había más gente. Estaban sentados en fila mirando a un señor de pié, con gafas y camisa de cuadros. Escribía cosas en una pizarra, cosas raras que no entendíamos. Eres tú? me preguntó, no puede ser, le dije, yo estoy aquí contigo. Sí, eres tú, me dijo, yo le decía que no. El señor hablaba de cosas importantes, parece que quería demostrar algo y todos le escuchaban con interés. Pegamos tanto la nariz al cristal que una de las personas nos vió. Inmediatamente huímos de la ventana. Ella se reía diciendo eres tú, eres tú que no, cómo voy a ser yo?. Ya no vamos a ningún sitio más, vale? vale, vámonos a casa.
Y qué frío hacía. Más frío que en la barriga de un frigorífico. Volvimos a casa y, por el camino, cogimos otro mechero para la noche. Mañana volvemos, a ver qué hay aquí, esto es muy raro. No, yo no vuelvo. Y eso?. Me da miedo. Miedica. No te metas conmigo. Miedica miedica miedica. Hasta que nos quedamos dormidos.
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lunes 2 de noviembre de 2009
Vanguardia monedista y conciencia de clase

En el nombre del poema monedista se resuelven las últimas dudas que podían existir sobre el buen fundamento de dadá, de los surrealistas de entreguerras, de la poesía Antifascista (Alberti, Lorca y Picasso), de los letristas, de los situacionistas y el pleno descarrío de todos los que quieren neutralizar la revolución poética. El sujeto de la historia sigue siendo el proletariado revolucionario, y cada paso hacia la libertad es un renglón más en la crónica monedista. Somos herederos de la Ilustración pero más que nada, somos creadores del romanticismo del siglo nuevo. Walt Whitman podía ser divinamente ingenuo, vivió en el siglo XIX, pero nosotros somos humanamente peligrosos. Una revolución más, y de la libertad cantaremos los colores.
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domingo 1 de noviembre de 2009
Revoluciones
La siguiente edición del periódico traía más de lo mismo. Tirones de manta, trampas bajo la mesa y bofetadas carísimas. Regalaban estampitas de jugadores de fútbol y cupones para una vajilla. Séneca argumentando las derrotas del Betis y cuatro pisos más arriba, en una mesa frente a la ventana, el otro Kerouak empieza otra vez el nuevo tema de una asignatura que siempre suspende. Dice que en realidad es Homero, pero quiere viajar y como no tiene dinero, se lo inventa. Es divertido leer cómo se imagina la India o Japón. Su novia se pasa casi cada tarde a la hora del café y a veces se queda a dormir. Él quiere trabajar, dice que está cansado de esperar y que lo que le interesa es el dinero y ella insiste en que tenga paciencia, que siga intentándolo, que merece la pena; él piensa, de alguna manera, que es un héroe, lucha por el amor de su chica y sufre por el destino; ella piensa que ya sería hora de que despertase, le cura con las palabras, entra en sus suenios para arreglar su fiebre de justas y honor y, a veces, él se entera.
Neptuno ha vuelto a la ciudad, tiene mil historias que contar, hemos quedado a las once en El Chiringuito, vendrán el Marqués del Azafrán, Ofelia, Caperucita y el Rey de Bastos, vendrán Sigfredo, El Cid y Ben Sahl. Brecht pone las copas, y en la esquina, Proust sigue intentando afinar la armónica. Si quieres ayudarle, inténtalo, te llamará perdedor sólo por haber nacido, o algo peor, todo sería carnavalesco si no fuera por la otra Paris, la Hilton, una yonki con un excelente gusto para los foulards, todos alaban sus joyas de plástico y ella se envuelve con orgullo en su noble chaqueta vieja, está orgullosa, hoy ha sido una buena noche, ha juntado casi trece euros y con eso puede vivir un día más, hay que celebrarlo, yo le invito a un botellín que se deja olvidado cuando un viejo la llama a voces desde la esquina.
Después, cuando se cuelgan las estrellas, lo mismo te encuentras a Einstein que a Madam Curie, Marco Antonio habla con el violinista de la esquina, se llama Federico, es poeta y vende una maría espléndida. Al otro lado de la acera, el Fantasma de la Ópera y Don Juan gritan borrachos a dos putas que turnan la guardia para los corazones abandonados, son Friné y "la Bardó", las catedráticas de la Casa de las Sirenas, por diez euros se lo dejan, ellos andan demasiado borrachos, una pandilla de punkis les ofrecen un litro y al rato recitan a Joyce de memoria. Y lo único que queda después de que desaparezcan las sirenas de la policía es el sonido de la escoba de Don Quijote, que se ha sacado una plaza de barrendero porque otro está enfermo.
Recuerdo que me dijiste algo de la revolución. La revolución. Mira, de buena gana me agarraba a las armas, me travestía de soldadito y me ponía al mundo por montera si no fuera porque todo esto me parece cojonudo. Sabes?, todos los ratones nos acabamos encontrando en los rincones más exquisitos. Es lo que tienen los malos momentos, que nos hacemos más hermanos. La Moneda sigue en obras y será divertido hacer una fiesta allí cuando se abra de nuevo. Me lo he pensado mejor, cuenta conmigo para lo de la revolución, de perdidos al río. Bombardearemos con libros las universidades, haremos mil revistas realmente interesantes y fundaremos un grupo de teatro, y cuando acabemos, moriremos tranquilos sabiendo que nos hemos comido una mierda olímpica, pero que, al menos, lo hemos intentado.
Cuenta conmigo. Apúntame en esos papeles revolucionarios, pero no me des responsabilidades porque de noche me espera mi Paris, la otra Paris, me espera "la Bardó" y "la Cítrica", y los punkis son como la familia. Sin ellos todo es aburrido. Nos vemos ya sabes dónde. Me alegro que todavía pienses así. Un abrazo. Ten cuidado con el almidón, que engancha.
Neptuno ha vuelto a la ciudad, tiene mil historias que contar, hemos quedado a las once en El Chiringuito, vendrán el Marqués del Azafrán, Ofelia, Caperucita y el Rey de Bastos, vendrán Sigfredo, El Cid y Ben Sahl. Brecht pone las copas, y en la esquina, Proust sigue intentando afinar la armónica. Si quieres ayudarle, inténtalo, te llamará perdedor sólo por haber nacido, o algo peor, todo sería carnavalesco si no fuera por la otra Paris, la Hilton, una yonki con un excelente gusto para los foulards, todos alaban sus joyas de plástico y ella se envuelve con orgullo en su noble chaqueta vieja, está orgullosa, hoy ha sido una buena noche, ha juntado casi trece euros y con eso puede vivir un día más, hay que celebrarlo, yo le invito a un botellín que se deja olvidado cuando un viejo la llama a voces desde la esquina.
Después, cuando se cuelgan las estrellas, lo mismo te encuentras a Einstein que a Madam Curie, Marco Antonio habla con el violinista de la esquina, se llama Federico, es poeta y vende una maría espléndida. Al otro lado de la acera, el Fantasma de la Ópera y Don Juan gritan borrachos a dos putas que turnan la guardia para los corazones abandonados, son Friné y "la Bardó", las catedráticas de la Casa de las Sirenas, por diez euros se lo dejan, ellos andan demasiado borrachos, una pandilla de punkis les ofrecen un litro y al rato recitan a Joyce de memoria. Y lo único que queda después de que desaparezcan las sirenas de la policía es el sonido de la escoba de Don Quijote, que se ha sacado una plaza de barrendero porque otro está enfermo.
Recuerdo que me dijiste algo de la revolución. La revolución. Mira, de buena gana me agarraba a las armas, me travestía de soldadito y me ponía al mundo por montera si no fuera porque todo esto me parece cojonudo. Sabes?, todos los ratones nos acabamos encontrando en los rincones más exquisitos. Es lo que tienen los malos momentos, que nos hacemos más hermanos. La Moneda sigue en obras y será divertido hacer una fiesta allí cuando se abra de nuevo. Me lo he pensado mejor, cuenta conmigo para lo de la revolución, de perdidos al río. Bombardearemos con libros las universidades, haremos mil revistas realmente interesantes y fundaremos un grupo de teatro, y cuando acabemos, moriremos tranquilos sabiendo que nos hemos comido una mierda olímpica, pero que, al menos, lo hemos intentado.
Cuenta conmigo. Apúntame en esos papeles revolucionarios, pero no me des responsabilidades porque de noche me espera mi Paris, la otra Paris, me espera "la Bardó" y "la Cítrica", y los punkis son como la familia. Sin ellos todo es aburrido. Nos vemos ya sabes dónde. Me alegro que todavía pienses así. Un abrazo. Ten cuidado con el almidón, que engancha.
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viernes 30 de octubre de 2009
Self-hacerse
¿Cómo explicar que una autopista llena de coches a 200 Km./h recorre mi abdomen y me sube hasta el pecho? Pensar es la lápida de la experiencia una vez vivida. Expresar, ser una antena, una estación de radio, una enfermedad radioactiva. Cargarse de magnetismo, electricidad y algunas dosis de uranio enriquecido.
Lo que veo por encima de las cabezas es un juego de sombras chinescas donde el equilibrio de lo-que-no-se-dice se sostiene cada vez por más alfileres, más inestables, para que siga el juego. Sólo hay que hacer de tu turno un misterio que trunque la eterna pregunta del jugador. Estar más alto, apostar en la bóveda, elevarse con cada duda, reinventarse haciendo de las críticas nuevos pétalos para la coraza. Es tan fácil, que cada victoria da vértigo porque nadie ve la clara vulnerabilidad que subyace en su propia disposición. ¿Cómo no se ve? o, mejor dicho, ¿cómo no se sintoniza con este canal que chirría delante de los ojos? Altura, abismo, desequilibrio, ¿ceguera? ¿sordera? ¿Cómo se vive con unos ojos y oídos impecables sin ver ni oír nada? Esa es la pregunta. Ahí reside el dolor, el enigma, la clave, la respuesta.
Jugar, engañar. Y la mentira se hace dueña hasta de sus creadores. Cuánta pretensión de crueldad y cuánta candidez desmentida y anónima. Pare una mentira, deja que crezca, suéltala por el mundo para que camine sola y un buen día te haga sombra. Todo vale menos la observación pasiva de los segunderos con su corazón de línea. Porque el corazón es curvo como un retorno eterno al remolino de su propia concordancia.
Me hago poema.
Como conjuro,
adivinanza,
canción de guardería
y cucú de pensamiento contra el tiempo...
... me hago poema,
y guardo mi luz en la armonía
de las manos contrapuestas
que se toman y se entonan.
El telón de las palabras
vive entre los párpados cerrados,
sobre unos ojos bien abiertos;
tan abiertos,
que sueño con mirada de llanura,
cortina de lino,
y un pecho que derrama su vacío
hasta invadirlo todo.
Me hago poema en la linde del segundero,
en la aspiración detenida de una asfixia caduca,
en una mirada de instante,
en el vacilar de la duda ante el espejo
y en el balanceo del alma
en el deseo.
Pero este poema eterno
no tiene título,
sino un susurro que sesea,
como la inercia de las estrellas,
la materia de que está hecho...
...
...
...
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..
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.
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Canción monedista contra el fetichismo del trabajo

Nuestras energías serán para liberar la Tierra
No queremos más banqueros ni queremos más recetas
Nuestras fuerzas ya reparten lo mejor de la riqueza
No queremos más gobiernos ni queremos más banderas
Nuestras voces ya se oyen en las aulas y en las mesas
No queremos más cobardes ni queremos más chuletas
Nuestras manos se acarician y nuestros labios se besan.
No queremos más racistas ni capitalistas ni Hacienda
No queremos al Estado ni al gobierno ni al Ejército
No queremos los acuerdos de Defensa ni más guerras
Nuestras armas serán siempre las letras de los poemas.
Pero si la revolución llega no será de mentirijillas
La revolución quemará el cielo y sonará monedista.
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lunes 19 de octubre de 2009
Fado Monedista
Meu viño e as butacasos ventos bondadosos
as cárceres de frores
os mares xeoeróticos
a voz do trovador no seu repouso
Chamaste coma sangue
andando polos mares
baixaste nun instante
xuntaste o pranto tan distante
mais eras ido
cicais no son do meu xemido
afogues os espelhos dun ferido
roubando mentres olhos xa perdidos
roubando mentres olhos perseguidos
Irei polas estrelas
e partirei casando
e ficarei na terra
topándome con fontes e fronteiras
amado con amada sem fogueiras
Nos amores pasamos
cos amigos cantamos
as monedas botamos
os versos dos poemas estrofamos.
Nos amores pasamos
cos amigos cantamos
as monedas botamos
os versos dos poemas estrofamos, etc.
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